En el complejo de verano de la playa del Saler ocurrió algo. La familia de Lorena se hizo amiga de otra familia numerosa, concretamente de dos hermanos: Belén y Miki.
Belén era de la edad de la hermana mayor, y Miki salía aquel verano con Lorena.
Aquel verano era el verano en que la prima Merche y el amigo de la familia estaban haciendo un mes, y en esta ocasión no había padres que vigilaran los actos de sus hijos.
Allí estaban Lorena y Nieves (la hermana mayor), la prima Merche y Jorge, el amigo de la familia, y los hermanos de Belén y Miki.
Decidieron jugar a la ouija y como no tenían tablero, Lorena se ofreció a hacer las letras recortando trozos de las tapas de sus libretas y escribiéndolas con un rotulador gordo.
Se pusieron alrededor de la mesa redonda rociando esta con unas gotas de aceite para que el vaso se deslizara sin que apenas los dedos llegaran a tocarlo. Todo estaba previsto para poner las cosas fáciles al espíritu que viniera.
Comenzaron riéndose y bromeando. Entonces Nieves se puso seria y dijo que ya estaba bien.
- concentrémonos de verdad.
Todos hicieron caso. Ya nadie se río con aquello de “espíritu, si estas ahí, danos una respuesta”.
A los pocos minutos Miki comenzó a golpear rítmicamente el vaso con su dedo. Estaba totalmente absorto con su mirada fija –aunque parecía perdida- sobre el vaso, y golpeando una y otra vez. Levantaba el dedo, lo dejaba caer sobre el vaso, y así repetidas veces.
Lorena tenía a Miki al lado y le pidió la mano por los ojos. Miki respondió bajando los parpados para no abrirlos durante un rato. Pero lo que ocurrió fue algo espeluznante.
En el mismo momento en que cerro los ojos, su dedo toco por ultima vez el vaso, y acto seguido se desmayo sobre la mesa.
Como pudieron trasladaron su pesado cuerpo al sofá y lo dejaron allí preguntándose que le ocurría. Entonces se dieron cuenta de dos detalles: por un lado, de sus ojos cerrados se deslizaban lágrimas, y por otro, de su boca entreabiertas empezaba a escuchar una risa… una malvada risa femenina que parecía propia de una bruja.
Se asustaron y Nieves le pidió ayuda a Merche:
-tu tienes poderes Merche, haz algo por favor.
Merche respiro hondo y salio al balcón para concentrarse en soledad. Era verdad, tenia ciertos poderes, no en vano decían que su propia madre era una bruja.
Mientras tanto Belén miraba nerviosa a su hermano, Jorge y Nieves se miraban y se preguntaban que era esa risa que salía de su boca, Lorena, desde los pies de Miki, miraba hacia el balcón rezando para que Merche pudiera sacarlo del trance.
Merche entro y se dirigió hacia Miki que seguía tendido en el sofá. Le copio la mano, y con voz grave le dijo:
- Miki, despiértate.
Fue una orden. Y en un minuto los ojos de Miki estuvieron luchando por abrirse. Cuando al final lo hizo se sentía mareado y extraño.
Antes de contarle lo sucedido, Lorena le pregunto que había sentido:
- Tenía frío y calor, todo se puso negro, y no recuerdo nada más.
Mientras trataban de tranquilizar a Miki, Lorena se dedico a desmantelar la mesa. Todas las letras se iban a ir a la basura, pero algo llamo su atención.
Una letra había sido perjudicada con el aceite, estaba manchada. Lorena la levanto, era la letra “L”. Con estupor comprobó que el aceite había formado lo que desde nuestra infancia considerábamos un fantasma, ese que hasta te puedes comer en helado o que aparece en dibujos infantiles. El fantasma tenía una especie de boca hacia abajo. Al darle la vuelta a la letra comprobó algo más: por detrás, la boca sonreía. Miki había llorado y había reído… aunque no lo recordaba. Las letras mostraban ambos estados de ánimo.
Curiosamente Lorena no se percato de la relación entre estos dos detalles hasta que alguien, una amiga, lo relaciono y se lo dijo. Lorena cayo en la cuenta y desde entonces la historia le da más terror.
Pero hay una cosa más en esta historia: dicen que al terminar una sesión hay que romper el vaso para que el espíritu se marche de la habitación donde se ha hecho la ouija. Ellos tiraron el vaso desde un tercer piso… y no se rompió.