lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Un extraterrestre en México?

Las imágenes son impresionantes: un supuesto pequeño extraterrestre, que fue encontrado en una granja de México, apareció en un video difundido por la televisión de ese país. Aunque el descubrimiento se produjo en mayo de 2007, recién ahora se conoció la grabación.
En la cinta se observa a Marao López, el hombre que encontró a la criatura. En su relato, describe que gritaba y que se movía para tratar de escapar de la trampera en la que había caído. Con la ayuda de otras personas, lo sumergió en agua hasta que, luego de varias horas, el extraterrestre perdió la vida.

Las risas de las brujas.

En el complejo de verano de la playa del Saler ocurrió algo. La familia de Lorena se hizo amiga de otra familia numerosa, concretamente de dos hermanos: Belén y Miki.
Belén era de la edad de la hermana mayor, y Miki salía aquel verano con Lorena.
Aquel verano era el verano en que la prima Merche y el amigo de la familia estaban haciendo un mes, y en esta ocasión no había padres que vigilaran los actos de sus hijos.
Allí estaban Lorena y Nieves (la hermana mayor), la prima Merche y Jorge, el amigo de la familia, y los hermanos de Belén y Miki.
Decidieron jugar a la ouija y como no tenían tablero, Lorena se ofreció a hacer las letras recortando trozos de las tapas de sus libretas y escribiéndolas con un rotulador gordo.

Se pusieron alrededor de la mesa redonda rociando esta con unas gotas de aceite para que el vaso se deslizara sin que apenas los dedos llegaran a tocarlo. Todo estaba previsto para poner las cosas fáciles al espíritu que viniera.
Comenzaron riéndose y bromeando. Entonces Nieves se puso seria y dijo que ya estaba bien.
- concentrémonos de verdad.
Todos hicieron caso. Ya nadie se río con aquello de “espíritu, si estas ahí, danos una respuesta”.

A los pocos minutos Miki comenzó a golpear rítmicamente el vaso con su dedo. Estaba totalmente absorto con su mirada fija –aunque parecía perdida- sobre el vaso, y golpeando una y otra vez. Levantaba el dedo, lo dejaba caer sobre el vaso, y así repetidas veces.
Lorena tenía a Miki al lado y le pidió la mano por los ojos. Miki respondió bajando los parpados para no abrirlos durante un rato. Pero lo que ocurrió fue algo espeluznante.
En el mismo momento en que cerro los ojos, su dedo toco por ultima vez el vaso, y acto seguido se desmayo sobre la mesa.
Como pudieron trasladaron su pesado cuerpo al sofá y lo dejaron allí preguntándose que le ocurría. Entonces se dieron cuenta de dos detalles: por un lado, de sus ojos cerrados se deslizaban lágrimas, y por otro, de su boca entreabiertas empezaba a escuchar una risa… una malvada risa femenina que parecía propia de una bruja.
Se asustaron y Nieves le pidió ayuda a Merche:
-tu tienes poderes Merche, haz algo por favor.
Merche respiro hondo y salio al balcón para concentrarse en soledad. Era verdad, tenia ciertos poderes, no en vano decían que su propia madre era una bruja.

Mientras tanto Belén miraba nerviosa a su hermano, Jorge y Nieves se miraban y se preguntaban que era esa risa que salía de su boca, Lorena, desde los pies de Miki, miraba hacia el balcón rezando para que Merche pudiera sacarlo del trance.
Merche entro y se dirigió hacia Miki que seguía tendido en el sofá. Le copio la mano, y con voz grave le dijo:
- Miki, despiértate.
Fue una orden. Y en un minuto los ojos de Miki estuvieron luchando por abrirse. Cuando al final lo hizo se sentía mareado y extraño.
Antes de contarle lo sucedido, Lorena le pregunto que había sentido:
- Tenía frío y calor, todo se puso negro, y no recuerdo nada más.

Mientras trataban de tranquilizar a Miki, Lorena se dedico a desmantelar la mesa. Todas las letras se iban a ir a la basura, pero algo llamo su atención.
Una letra había sido perjudicada con el aceite, estaba manchada. Lorena la levanto, era la letra “L”. Con estupor comprobó que el aceite había formado lo que desde nuestra infancia considerábamos un fantasma, ese que hasta te puedes comer en helado o que aparece en dibujos infantiles. El fantasma tenía una especie de boca hacia abajo. Al darle la vuelta a la letra comprobó algo más: por detrás, la boca sonreía. Miki había llorado y había reído… aunque no lo recordaba. Las letras mostraban ambos estados de ánimo.
Curiosamente Lorena no se percato de la relación entre estos dos detalles hasta que alguien, una amiga, lo relaciono y se lo dijo. Lorena cayo en la cuenta y desde entonces la historia le da más terror.

Pero hay una cosa más en esta historia: dicen que al terminar una sesión hay que romper el vaso para que el espíritu se marche de la habitación donde se ha hecho la ouija. Ellos tiraron el vaso desde un tercer piso… y no se rompió.

viernes, 25 de septiembre de 2009

LA MANO NEGRA

Alguna vez, en la familia de Lorena ya había ocurrido que a sus hermanas les habían acariciado el pelo, la espalda o incluso empujado… La noche en que le ocurrió a Lorena este breve episodio dormía sola. Compartía habitación con su hermana pequeña, pero ella no estaba.
Se abrazo a la almohada, dejándose llevar por el sueño, estirada y con el rostro hacia el techo. La almohada estaba agarrada por su brazo izquierdo, y allí permaneció todo el tiempo.
Cuando ya estaba empezando a dormirse ocurrió:
Un golpe seco debajo de su ombligo y encima de su pubis la despertó de repente. Casi se levanto pero no lo hizo, tan solo permaneció quieta mirando a su alrededor y analizando todo: la almohada no había sido, seguía abrazada a su izquierda… estaba sola, y nadie había tenido tiempo de entrar, pegarle y luego salir…
Pensó y recordó otro episodio, cuando un de semana se había marchado con unos amigos a celebrar un weekend en una casa de Icona en mitad de una montaña de Ayora. Todos iban a ponerse hasta arriba de tripis, pero ella no lo hizo. Tenia el suyo, pero no lo tomo, simplemente lo guardo.
La casa tenía apenas dos habitaciones: donde se dormía – un amplio cuarto donde había tirado en el suelo un colchón de matrimonio y una litera de madera -, y el salón, donde pensaban correr la juerga.
Menos una pareja que se marcho a la habitación, el resto permaneció en el salón tomando tripis, fumando porros y bebiendo alcohol. La fiesta no acabaría hasta el día siguiente. Lorena, por algún extraño motivo, no hizo nada de eso, y decidió irse a dormir.
No era cómodo tumbarse allí con aquella pareja que –si bien no estaban haciendo nada – si buscarían algo de intimidad, pero por algún motivo que ni ella sabia, Lorena decidió tumbarse en una esquina de la litera, con el cuerpo pegado a la madera, los brazos flexionados en dirección hacia su cabeza, sin apenas un solo hueco por el que alguien pudiera hacer lo que hizo: tocarle el pecho.
No recordaba si era el izquierdo o el derecho cuando me lo contó, pero si recordaba la sensación de pánico que sintió. Algo había tocado su pecho como si lo amasara, y no había espacio entre sus brazos para conseguir tal hazaña.
También en aquella ocasión, tras sentir un escalofrío en la espalda y notar como abría desmesuradamente los ojos por el miedo, analizo la situación. La pareja seguía tumbada en su rincón, y no había nadie más.
Su determinación fue más que sorprendente. Se dijo: si tengo que sufrir alucinaciones, al menos que sea con un tripi en el cuerpo. Curiosamente, el resto de la noche no le ocurrió nada más. Se comió su tripi, bebió alcohol y se río.