viernes, 25 de septiembre de 2009

LA MANO NEGRA

Alguna vez, en la familia de Lorena ya había ocurrido que a sus hermanas les habían acariciado el pelo, la espalda o incluso empujado… La noche en que le ocurrió a Lorena este breve episodio dormía sola. Compartía habitación con su hermana pequeña, pero ella no estaba.
Se abrazo a la almohada, dejándose llevar por el sueño, estirada y con el rostro hacia el techo. La almohada estaba agarrada por su brazo izquierdo, y allí permaneció todo el tiempo.
Cuando ya estaba empezando a dormirse ocurrió:
Un golpe seco debajo de su ombligo y encima de su pubis la despertó de repente. Casi se levanto pero no lo hizo, tan solo permaneció quieta mirando a su alrededor y analizando todo: la almohada no había sido, seguía abrazada a su izquierda… estaba sola, y nadie había tenido tiempo de entrar, pegarle y luego salir…
Pensó y recordó otro episodio, cuando un de semana se había marchado con unos amigos a celebrar un weekend en una casa de Icona en mitad de una montaña de Ayora. Todos iban a ponerse hasta arriba de tripis, pero ella no lo hizo. Tenia el suyo, pero no lo tomo, simplemente lo guardo.
La casa tenía apenas dos habitaciones: donde se dormía – un amplio cuarto donde había tirado en el suelo un colchón de matrimonio y una litera de madera -, y el salón, donde pensaban correr la juerga.
Menos una pareja que se marcho a la habitación, el resto permaneció en el salón tomando tripis, fumando porros y bebiendo alcohol. La fiesta no acabaría hasta el día siguiente. Lorena, por algún extraño motivo, no hizo nada de eso, y decidió irse a dormir.
No era cómodo tumbarse allí con aquella pareja que –si bien no estaban haciendo nada – si buscarían algo de intimidad, pero por algún motivo que ni ella sabia, Lorena decidió tumbarse en una esquina de la litera, con el cuerpo pegado a la madera, los brazos flexionados en dirección hacia su cabeza, sin apenas un solo hueco por el que alguien pudiera hacer lo que hizo: tocarle el pecho.
No recordaba si era el izquierdo o el derecho cuando me lo contó, pero si recordaba la sensación de pánico que sintió. Algo había tocado su pecho como si lo amasara, y no había espacio entre sus brazos para conseguir tal hazaña.
También en aquella ocasión, tras sentir un escalofrío en la espalda y notar como abría desmesuradamente los ojos por el miedo, analizo la situación. La pareja seguía tumbada en su rincón, y no había nadie más.
Su determinación fue más que sorprendente. Se dijo: si tengo que sufrir alucinaciones, al menos que sea con un tripi en el cuerpo. Curiosamente, el resto de la noche no le ocurrió nada más. Se comió su tripi, bebió alcohol y se río.

2 comentarios:

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  2. seguro q no le tomaron el pelo sus colegas de los tripis o....es q estaba necesitada...y se imaginaba q le metian mano....

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